¿PREMIAR O CASTIGAR?

Por Eduardo Díaz (Máster Universitario en Psicología de la Actividad Física y del Deporte de la Universidad Nacional de Educación a Distancia)

¡Ya está bien, Jorge! – Le volvió a reprimir el entrenador. – ¡Vaya día que llevas hoy! ¡Anda, siéntate quieto en el banquillo otra vez hasta que yo diga!

No podía creerlo. Cuantas más veces le regañaba, más travesuras hacia Jorge. En todos los entrenamientos Jorge siempre era castigado. Y a pesar que de cada vez que lo castigaba hablaba tranquilamente con él tratando de hacer entender que no debía de comportarse así, no solucionaba nada.

Jorge se fue al banquillo poniendo cara de circunstancias. Aunque en realidad no estaba triste. Le gustaba recibir atención de su entrenador. Además, el entrenamiento era muy aburrido.

Principios de refuerzo

Como padres y entrenadores debemos entender muy bien los principios del refuerzo. Su mala aplicación puede generar que no solo no se corrijan comportamientos erróneos, sino incluso fomentarlos.

¿Qué es un refuerzo? Es la consecuencia que genera nuestra conducta. Cuando conseguimos un refuerzo positivo, como un alago, un regalo o muestra de aprecio, tendemos a repetir esa conducta.

Y, al contrario. Cuando conseguimos un refuerzo negativo por nuestra conducta (reprimenda, retirada de atención, falta de aprecio, etc.) tendemos a eliminar ese comportamiento.

Complejidad de los refuerzos

Hasta aquí la cosa parece fácil. Refuerzo positivo, se potencia la conducta. Refuerzo negativo, se elimina la conducta. El problema es que no todos nos afecta de la misma manera los refuerzos positivos y negativos.

Lo que para uno puede ser positivo, para otro puede ser negativo. Incluso según la situación y el momento, estos extremos también pueden variar.

Por ejemplo, retirar a un jugador del campo de juego suele ser un castigo. Pero cuando el jugador está muy cansado y desmotivado puede suponer un alivio o premio.

El arte del refuerzo

Dado la gran variedad de tipo de jugadores que nos podemos encontrar y la variedad de contextos, la aplicación correcta de los refuerzos es un arte de difícil dominio.

Para complicarlo más tenemos que definir muy bien otros aspectos relevantes: ¿Qué conductas en concreto vamos a reforzar? ¿Con qué frecuencia debe recompensarse? ¿Cuándo se debe recompensar?

¿Qué debería premiarse?

La regla principal es premiar más la ejecución de la conducta, sin prestar atención al resultado de la misma. En suma, recompensar al jugador más por sus esfuerzos que por sus éxitos.

Recompensar las pequeñas cosas que llevan a una meta final más importante. Y, además, recompensar aptitudes emocionales y sociales.

¿Con qué frecuencia debe recompensarse?

Al inicio del aprendizaje de una nueva habilidad, hay que recompensar de forma continua. Una vez aprendida, el refuerzo se aplicará de forma ocasional.

Es muy importante hacerlo tan pronto se haya ejecutado la conducta. Esto es relevante para que el jugador interiorice la asociación entre la conducta y la consecuencia.

Por último, es un error recompensar a los jugadores cuando no se lo merecen. Podemos animarlos. Pero los premios sin motivo hacen sentir a los jugadores que son manipulados.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *