¿CONOCES LA GRANDEZA DEL DEPORTE?

Por Eduardo Díaz (Máster Universitario en Psicología de la Actividad Física y del Deporte de la Universidad Nacional de Educación a Distancia)

La historia de James J. Braddock fue llevada al cine e interpretada por Russell Crowe en la película ‘Cinderella Man’ (El hombre cenicienta). Así se le conocía a este boxeador, el boxeador del pueblo. Braddock dio una de las grandes sorpresas en la historia del boxeo en la disputa del título contra el campeón del Mundo de los pesos pesados, Max Baer.

Braddock, que se ganaba la vida en los muelles de Jersey cargando mercancía tras el ‘crack’ de 1929, se ganó por eso mismo el favor de sus vecinos mientras iba ganando combates. Su gran oportunidad le llegó el 13 de junio de 1935.

La pelea fue aceptada por los agentes del campeón Baer como una sencilla defensa del título mientras iban haciendo caja. Ante un Madison Square Garden entregado a su ‘cenicienta’, Braddock encajó todos los golpes que pudo y alguno más, resistió en pie y terminó ganando a los puntos a un desconcertado Baer, que preveía una victoria sencilla.

El 13 de junio de 1935, el valiente Braddock, el trabajador de los muelles, escribió una de las páginas más brillantes de la historia del deporte.

(Las gestas inesperadas de la historia del deporte por Manuel Malagón)

¿Es la victoria?

Lo que hace grandiosa esta historia no es la victoria en sí. No es la exaltación de triunfo. Es la lucha heroica por superar limitaciones.

Si, con toda seguridad todos soñamos con el estrellato y el dinero. Todos deseamos reconocimientos y fama.

Pero la grandeza del deporte no es eso. La grandeza del deporte es el trabajo y el compromiso con conseguir la excelencia.

Educar para la grandeza

Obviamente los jóvenes son fácilmente deslumbrados por los grandes éxitos de las grandes estrellas deportivas.

Inicialmente les mueven los intereses egoístas. Es normal, nos ha ocurrido a todos y es parte del proceso.

Ahora bien, nuestra responsabilidad como entrenadores, dirigentes deportivos y padres es inculcar en los jóvenes deportistas la semilla de grandeza.

Esta semilla se siembra promoviendo los valores de humildad, respeto en todos los niveles, el trabajo y el honor de dar el máximo esfuerzo.

Orgullo mal entendido

La práctica de cualquier actividad en la vida solo y exclusivamente por egoísmo y orgullo personal no solo no lleva a la grandeza, sino que puede llevar al fracaso.

Este tipo de motivación centrado en uno mismo no poseen el suficiente poder para afrontar todos los desafíos que el deporte conlleva.

También es mala estrategia apelar la vergüenza de la derrota como motivación o hacer identificar el valor de los deportistas con su victoria o derrota.

Espíritu deportivo

El espíritu deportivo reside en el corazón. Se debe trabajar por algo más grande que uno mismo. Se tiene que trabajar por principios superiores que nos inspiren individualmente y colectivamente.

Principios de la honestidad, del esfuerzo bien dosificado, de la alegría, el control personal, la gratitud por todo lo conseguido, por dar lo mejor en cada momento, en construir una vida mejor.

No se trata de acumular trofeos para llenar vitrinas. Esos no los podemos llevar siempre encima. En cambio, siembre llevamos dentro nuestra talla espiritual. Nuestra grandeza personal.

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