¿CREAMOS DEPORTISTAS TRAMPOSOS?

Por Eduardo Díaz (Máster Universitario en Psicología de la Actividad Física y del Deporte de la Universidad Nacional de Educación a Distancia)

Foto de Vitezslav Vylicil en Pexels

¡No lo entiendo! ¿Por qué el entrenador no le protesta al árbitro? Si es lo que hacen todos los entrenadores. ¡Hay que presionar a los árbitros! Así no vamos a conseguir nada…
¡Si es que son muy angelitos! ¿Por qué no le hacen faltas al equipo contrario? ¡Que lo agarre o derribe antes de que pueda lanzar!
¡Cómo que saludar al final del partido! Después de los palos que nos han dado. Y los árbitros sin pitar nada. ¡Son unos tramposos!

Juego sucio

Algunos expertos consideran que cada vez se va extendiendo más la trampa y el juego sucio en el deporte.

No tenemos datos objetivos para negar o afirmar esta idea. Lo que sí podemos es determinar que entornos la generan y cuáles favorecen la deportividad.

Y el primer punto relevante es la imitación de los grandes ídolos deportivos y del modelo deportivo profesional.

Iniciación y élite

Los modelos del deporte de élite y de la iniciación deportiva son muy distintos. Eso es algo que muchos entrenadores y padres desconocen.

Pero es un aspecto esencial. El objetivo fundamental del deporte profesional son los resultados. En cambio, en el deporte de iniciación es la formación del jugador.

El tener clara esta diferencia de objetivos es lo que lo hace diferente a la hora de entrenar, de planificar y de competir.

Evitemos cegarnos con los destellos del deporte de alta competición copiándola en la iniciación. Esto es perjudicial y genera deportistas tramposos.

Lo relevante es el entorno

Solo tendremos un deporte educativo si todos los agentes que participan en el contexto deportivo se implican en ello.

Estos agentes son los entrenadores, las familias, los organizadores del deporte, los árbitros y todas las personas con influencia en los deportistas.

Todos estos agentes impactarán en los jóvenes deportistas, bien de forma directa, con alabanzas, castigos y premios, o bien de forma indirecta (y a la vez más poderosa), a través de su ejemplo.

La mera práctica deportiva no va a desarrollar valores positivos y deportividad (lo que se ha llamado “la formación del carácter”). El deporte por sí solo no educa. Lo que transforma a los niños y niñas es el uso del deporte como medio pedagógico para inculcar valores.

La formación del carácter

¿Qué factores dificultan esta labor? Podemos identificar tres como los más destacados.

– La posibilidad de conseguir golosos premios por el éxito en el deporte infantil.

– La existencia de entrenadores enfocados más en su éxito personal que en la formación de los jugadores.

– Actitudes y conductas de espectadores, padres y amigos influenciados por el deporte profesional.

No debemos olvidar que los valores deportivos tienen la capacidad de transferirse a la vida real. ¿Qué tipo de valores queremos que imperen en la sociedad del futuro? ¿Deseamos una sociedad de tramposos?

Solo hay una forma de evitarlo. Y está en nuestras manos. Es con la implicación de todos los agentes sociales que participan en la actividad deportiva.

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