¿ES BUENA LA COMPETICIÓN?

Por Eduardo Díaz (Máster Universitario en Psicología de la Actividad Física y del Deporte de la Universidad Nacional de Educación a Distancia)

La tensión se palpaba en el ambiente. Ambos entrenadores se movían frenéticamente ante cada acción de juego. El defensor agarró de forma contundente al atacante y este protestó airadamente al árbitro. El árbitro pitó la falta. El equipo sacó de forma repentina, aunque no exactamente en la zona marcada por el árbitro. Sorprendió al equipo contrario y llevó el balón al final de la red de la portería contraria. El árbitro pitó el gol. El entrenador y los jugadores del equipo contrario se lanzaron hacia el árbitro, acercándose de forma amenazadora gritando que la falta no había sido bien ejecutada. Al mismo tiempo, se produjo un choque involuntario entre jugadores de ambos equipos que generó algunos empujones y amagos de agresión entre ellos.

En ocasiones hemos podido presenciar situaciones como las descritas con anterioridad. El énfasis y la pasión por ganar un encuentro deportivo pueden generar comportamientos agresivos.

¿Es buena la competición?

Algunos entrenadores y jugadores utilizan todo tipo de estrategias y actitudes que les puedan llevar a la victoria. Y esto incluye comportamientos irrespetuosos e incluso agresivos.

En ocasiones les es más ventajoso saltarse las normas y los reglamentos dados que, por falta de habilidad de los jueces o por despiste, no son sancionados.

El ejemplo de estos entrenadores y jugadores generan el mensaje de que para ser un gran jugador y tener éxito en el deporte hay que hacer uso de cualquier estrategia. Todo vale por el objetivo de ganar.

Se convierten en ejemplos para sus seguidores y crean una cultura donde ser un ganador se identifica con una persona con carencia de valores éticos.

Todo ello ha generado que algunos sectores de nuestra sociedad culpen a la competición como portadora de valores negativos y apología de la falta de moralidad.

La competición: un instrumento

Pero la realidad es que la competición no es buena ni mala. Es un instrumento muy poderoso y que somos todos los implicados en ella los responsables de que genere comportamientos y actitudes positivas.

¿Y por qué la competición es tan poderosa? Por su poder de motivación. La práctica deportiva no sería la misma sin la competición dado que es la que aporta la sal a la misma.

A los niños les encantan competir. Los niños necesitan saber hasta dónde pueden llegar para saber quiénes son. Les encanta probarse ante ellos mismos y los demás.

Ahora bien. Es labor de todos los responsables de la actividad deportiva (entrenadores, padres, árbitros, seguidores, directivos, organizadores, etc.) hacerles ver a los niños que lo importante está en ellos mismos, en su esfuerzo, actitudes y valores. No en su clasificación deportiva.

Hacer un buen uso de los instrumentos

Al igual que un buen cocinero es aquel que sabe cocinar mejor que nadie sus ingredientes, todos los implicados en el deporte escolar tenemos que aprender a cocinar de forma correcta los aspectos competitivos.

La competición debe ser utilizada como instrumento educativo para generar valores de respeto, deportividad y humildad. Enseñar a los jugadores y niños el autocontrol emocional y la fortaleza personal de actuar de forma correcta ante situaciones competitivas adversas.

Hay un dicho que dice que en los momentos difíciles es cuando aparece la grandeza de las personas. En los momentos de pérdida y frustración deportiva es cuando debemos ser un ejemplo y mostrar a nuestros jugadores y niños que deben hacer lo correcto.

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